La Odisea de Homero, del mito a la historia
Una travesía intelectual y marítima por uno de los grandes enigmas de la cultura occidental: cuánto hay de historia, memoria y geografía real bajo los versos de Homero.
«Mares de bronce» parte de una convicción audaz: la Odisea no debe leerse únicamente como una fantasía literaria, sino también como el eco de un mundo marítimo, comercial y político que existió y dejó sus huellas en los puertos, las rutas y los paisajes del Mediterráneo y el Atlántico. Combinando la mirada del filólogo con la experiencia del viajero y navegante habituado a leer el mar desde la cubierta de un velero, Bernardo Souvirón rastrea los pasos de Ulises desde las ruinas de Troya hasta el ansiado regreso a Ítaca: recorre las aguas que surcaron sus naves, sus naufragios, su relación con Atenea y Poseidón, la tentación de la inmortalidad ofrecida por Calipso, la violencia de Polifemo, el canto de las Sirenas, el descenso al hades y la reconquista final de un hogar asediado por los pretendientes. Pero, sobre todo, interroga los rumbos, los vientos, las distancias y las condiciones reales de navegación que laten bajo esas aventuras. Como trasfondo, un Mediterráneo en transformación: el mundo del final de la Edad del Bronce; las redes comerciales que enlazaban Grecia, Asia Menor, Egipto, Fenicia y la península ibérica; la búsqueda del estaño imprescindible para fabricar bronce; y el gran horizonte occidental de Tarteso, las islas Casitérides y el Atlántico. Lugares que la tradición ha considerado fantásticos (la isla de los cíclopes, la morada de Eolo, la tierra de los lotófagos, Esqueria, Ogigia o la remota Lestrigonia) se revelan como territorios decisivos para comprender la amplitud del mundo homérico y como puntos de partida de una investigación que entrelaza literatura, arqueología, historia de la tecnología, meteorología, geografía y cultura marítima. "Mares de bronce" no pretende despojar al mito de su misterio, sino reencontrar el mar real que late en su origen: el mismo en el que Ulises comprendió que regresar a casa podía ser la más difícil, y la más humana, de las aventuras.

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